Ganadería
El técnico del Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL), remarcó que en la carne ovina existe otra zafra de lana” en la raza merino australiano y el que es “una oportunidad productiva que muchas veces no estamos aprovechando”. En este sentido remarcó que “los productores que hoy capitalizan este momento son los que perseveraron durante los tiempos malos”. Al tiempo que destacó que “hay productores logrando lanas de 15 micras, algo que hace algunos años parecía impensado”, remarcó que en el caso de la carne ovina, los sistemas un mayor nivel de intervención, porque “hay que recrear cada año el esfuerzo de alimentar a la oveja y al cordero”.
El sistema de producción ovina basado en lanas finas de alto valor atraviesa un momento muy particular, con una secuencia alcista en los precios de la fibra tanto a nivel internacional como interno. Al mismo tiempo, el mercado de la carne ovina ha generado un nuevo escenario, que invita a revisar estrategias productivas dentro de los sistemas ganaderos. En ese contexto, el Secretariado Uruguayo de la Lana (SUL) impulsa la discusión en el sector productivo, sobre potencializar la producción de carne ovina en los sistemas de producción de lanas finas.Durante la conferencia realizada en el Día del Merino, el técnico del SUL, ingeniero agrónomo José Francisco Ramos expuso un análisis del sector ovino utilizando el análisis FODA (Fortalezas, Oportunidades, Desafíos y Amenazas). El objetivo fue invitar a los productores a mirar el sistema productivo con una perspectiva más amplia, integrando tanto la producción de lana fina de calidad, como la de carne ovina.Ramos señaló que, “históricamente y culturalmente siempre nos hemos apoyado mucho en la lana” pero afirmó que “en la carne ovina existe otra zafra de lana”. Para el técnico, “estamos viviendo un muy buen momento; es indudable que la realidad de los precios, tanto en carne como en lana, genera entusiasmo y otra predisposición a intervenir”, afirmó.El análisis presentado por Ramos parte de una característica estructural del sistema de producción con la raza Merino Australiano, principalmente en el norte del país, que “tienen múltiples fortalezas, como producir lana en el segmento de mayor valor y, al mismo tiempo, tienen la oportunidad de producir carne si logran buenos niveles de señalada, peso de venta y terminación”, señaló.Este enfoque implica considerar al sistema ovino como una actividad más integrada en el predio, donde la producción de lana y carne se complementan en lugar de competir entre sí. Según Ramos, el desafío consiste en aprovechar mejor esa dualidad productiva.En ese marco, el técnico subrayó que “muchos de los productores que hoy capitalizan este momento son justamente los que perseveraron durante los tiempos malos e interpretaron las señales del mercado”, indicó Ramos.El comportamiento de la demanda también refleja este cambio en la percepción del sector. Ramos destacó que existe un interés creciente “por hembras, lo que muestra que muchos productores están pensando en expandir o consolidar sus sistemas productivos”, explicó.Entre las debilidades identificadas en el análisis del sector, Ramos señaló que el desempeño reproductivo de las majadas Merino constituye uno de los principales desafíos para mejorar la productividad del sistema.El técnico del SUL explicó que los indicadores reproductivos presentan limitaciones que impactan directamente en la capacidad de generar carne, pero aclaró que “los niveles de preñez son aceptables considerando los niveles predominantes de alimentación y manejo en campo natural, aunque la prolificidad es baja”. Además, indicó que el problema principal es que “perdemos muchos corderos en torno al parto y también en el período posterior al destete. Ahí es donde se concentra una parte importante de la oportunidad de mejora del sistema”.Remarcó que mejorar estos indicadores tendría impactos productivos múltiples, pero para ello afirmó que tiene que existir un mayor nivel de intervención de los productores en las majadas. “Producir carne es sinónimo de más intervención. La lana se produce prácticamente sin demasiada intervención, pero para producir carne, hay que recrear cada año el esfuerzo de alimentar a la oveja y al cordero”, señaló.De acuerdo con José Francisco Ramos, “si logramos más corderos, más animales para vender, también tendremos más posibilidades de realizar selección y más kilos totales de lana porque habrá más animales para esquilar”.Si bien, el tamaño de la oveja está directamente relacionado con la capacidad de parir y criar los corderos, el sector tiene como una limitante, los pesos de carcasas que exige la industria frigorífica y los castigos en los valores.Ramos explicó que existe un principio en sistemas ovinos en Australia que vincula el peso adulto de la majada con el potencial de señalada. “Los australianos dicen que es difícil señalar más allá del doble del peso adulto de la majada; si la majada pesa 40 kilos, es difícil superar el 80% de señalada”, indicó. Este concepto plantea un límite biológico y productivo que condiciona las estrategias de mejora dentro del sistema. Sin embargo, el técnico considera que existe margen para avanzar hacia animales ligeramente más grandes y productivos.En ese sentido, planteó la posibilidad de trabajar con majadas que combinen mayor productividad sin perder adecuación a los requerimientos del mercado. “Podríamos apuntar a ovejas un poco más grandes y productivas, siempre cuidando de no pasarnos de los límites de carcasa que exige el mercado”, explicó. El objetivo, debe ser que las ovejas “lleguen en mejor estado corporal tanto a la encarnerada como al parto, porque eso impacta directamente en la eficiencia reproductiva del sistema”, señaló.Partiendo de este concepto, la alimentación para a constituirse en uno de los pilares sobre los que se puede trabajar para mejorar la eficiencia de los sistemas ovinos basados en lana fina. Ramos destacó que, incluso en regiones donde predominan los campos naturales, existen herramientas disponibles para mejorar la nutrición de las majadas en momentos estratégicos del ciclo productivo. “A pesar de las dificultades que presentan nuestros suelos y los veranos en esa región, se pueden utilizar mejoramientos extensivos, verdeos o praderas para reforzar la alimentación en momentos clave”, explicó el profesional.“La suplementación es una herramienta muy importante; muchos productores optan por comprar ración para reforzar la alimentación de los animales en determinados momentos”, señaló Ramos, quién aclaró que “no se trata de mejorar la alimentación todo el año ni de intervenir sobre todo el lote, sino de aplicar la tecnología de tratar distinto a lo que requiere un trato distinto”, afirmó.El técnico del SUL, remarcó en la presentación, la necesidad de aumentar gradualmente el nivel de intervención en los sistemas ovinos para reducir su vulnerabilidad frente a factores externos. Ramos explicó que los sistemas con muy baja intervención quedan excesivamente expuestos a las variaciones climáticas y a las fluctuaciones del mercado. Para romper esa lógica, propuso introducir ajustes productivos que permitan estabilizar los resultados del sistema. “Para romper esa lógica de estar entusiasmado solo cuando el tiempo ayuda o cuando los precios suben, hay que intervenir un poquito más en el sistema productivo”, sostuvo.Al finalizar su presentación, el ingeniero José Francisco Ramos, dijo que “el precio impacta en el ánimo, pero la productividad es lo que sostiene los ingresos en los años de precios malos”, por lo que remarcó que la solución a situaciones climáticas adversas y rentabilidades afectadas por el tipo de cambio, “pasa por intervenir puertas adentro para que lo externo, que no depende de nosotros, nos preocupe menos”, afirmó.Genética, micronaje y equilibrio productivoUno de los temas que suele generar preocupación entre los productores de lanas finas es la posibilidad de un impacto adverso en el afinamiento de las lanas, ante una mejor alimentación, sobretodo cuando se habla de suplementar el ovino.El ingeniero agrónomo José Francisco Ramos explicó que, si bien existe cierto temor a que una mayor nutrición provoque un aumento del micronaje, lo que podría afectar el valor comercial de la lana, la influencia genética es mucho más determinante que la nutricional en este aspecto.En este sentido, dijo que “el micronaje tiene una heredabilidad muy alta” y afirmó que “el diámetro de la fibra, de la lana, depende mucho más del componente genético que del ambiente”.De hecho, el comportamiento observado en las últimas zafras permite ilustrar esta relación. “Cuando las ovejas pasan mal, los lotes suelen dar más fino pero con menos lana. Cuando pasan mejor, el micronaje puede levantar un poco, pero en el largo plazo lo que define la finura es la genética”, explicó.El técnico del Secretariado Uruguayo de la Lana, en Paysandú, destacó que los productores en Uruguay, han avanzado fuertemente en los programas de selección genética para mejorar la calidad de la fibra.“Hoy hay productores uruguayos que están produciendo lanas de 15 micras, algo que hace algunos años parecía impensado. Eso demuestra que es posible encontrar un equilibrio entre buena nutrición y finura de la fibra mediante una selección genética balanceada”, afirmó.Para el técnico, este avance refleja el nivel de profesionalización que ha alcanzado el sector ovino, principalmente en el merino australiano, durante en los últimos años. Al mismo tiempo destacó que dicho nivel, se debe a la decisión de intervenir más desde el punto de vista genético, por lo que consideró que es muy relevante para aprovechar el momento de precios, el intervenir en la alimentación para levantar los indices de producción,
2026-03-15T07:00:00